Enano, demasiado enano (I) [1998]

[Publicado por Fernando Márquez en el número 18 de la revista “El Corazón del Bosque“, 1998. Lo publicaremos en dos partes]

ENANO, DEMASIADO ENANO (guía concisa y actual de la España nacional)

(a J.C. Aguirre, R. Castilla y L. Marcos, por seguir creyendo, como yo, en lo imposible)

¿La razón de este trabajo?: el hecho de que, desde hace algo más de un año, el público que se ha ido aproximando a «EL CORAZON…» es, en su inmensa mayoría, ajeno a lo nacional y, al tiempo, víctima de intoxicaciones y desinformaciones varias en torno, particularmente, a los aspectos nacionales de esta revista y de su director y, de un modo más genérico, a todo el panorama nacional español (panorama, salvo excepciones, visto con un rigor mínimo tanto desde el ataque como desde la complicidad). Se trata, por tanto, de dar un cierto bagaje informativo y dialéctico a este público, y también de incitar a la reflexión a los escasos nacionales que todavía siguen fieles a la singladura corazonesca.

INTRO

Un nuevo fantasma recorre Europa y, si no se llama esta vez «revolución», en algún caso supone la herencia de ésta (y, en otros, simplemente, lo que ha ocupado el vacío dejado tras el sesgo neoliberal de buena parte de la izquierda): en Rusia la mayoría de opositores al neoliberalismo (empezando por los comunistas) se reclaman «nacional/patrióticos»; en los Balcanes son aplastantes las mayorías nacionales emanadas del antiguo aparato; en Francia uno de cada dos obreros vota al Front National; en Italia cuatro de los más importantes partidos (Alleanza Nazionale, Forza Italia, Liga Nord y Fiamma Tricolore) guardan en sus filas un notable componente del desaparecido MSI…

¿Y en la piel de toro, qué?: pues aquí la situación es bien distinta. Los partidos de signo nacional que en las últimas elecciones generales quedaron mejor (FE/JONS, FEI y AUN), sumando todos sus votos al Congreso no superan los conseguidos por la desaparecida FE/JONS Auténtica en su más flojo resultado en unos comicios (1-III-79: 30546 votos): teniendo en cuenta que la Auténtica fue siempre un partido menor dentro de los extraparlamentarios, ello da cuenta de la escasa incidencia actual de los nacionales. ¿Esto significa que aquí somos más «demócratas, antifascistas y políticamente correctos» que nadie? ¿Que todavía nuestros ciudadanos «están saturados por el recuerdo del franquismo y no desean experiencias nostálgicas»? (tesis de algunos historiadores que yo rebato recordando que, en este 98, estamos ya a la misma distancia -23 años- de la muerte de Franco de la que estaban en el 68 los países que vivieron dictaduras u ocupaciones fascistas del final de éstas en el 45 -y, en ese 68, en Italia existía un partido nacional con representación parlamentaria, el MSI, más extraparlamentarios no precisamente anecdóticos como Avanguardia Nazionale y Ordine Nuovo o el grupo de izquierda nacional Giovane Europa; y en Francia existía por entonces una formación activista, Occident, que tuvo su papel importante en las jornadas de mayo) ¿No será, ni más ni menos, que los partidos del consenso democrático español hacen la competencia a los nacionales al extremo de vaciarlos prácticamente de contenido y, para colmo, éstos son de una ineptitud suma en relación con los del resto de Europa? Trataré de contestar a tales cuestiones en el presente artículo.

En el campo nacional español podemos marcar, de entrada, una gran división: los nacionales explícitamente contrarrevolucionarios y los que dicen ser revolucionarios (y, en ocasiones -pocas, pero haberlas haylas-, lo son). Subdividiremos a los primeros en: derecha a medio civilizar, integristas y franco/falangistas. En cuanto a los segundos, podemos clasificarlos en: neofascistas (o nacional/revolucionarios), neonazis, hedillistas, autónomos y nacional/bolcheviques.

Los impulsos que mueven a los nacionales son, básicamente, tres: parapoliciales (de somatén), lúdicos (de juego de rol) y propiamente políticos (de voluntad de poder -sea con intención participativa, desestabilizadora o subversiva-). A ello añadiremos la actuación metapolítica (de penetración cultural) siguiendo el esquema gramsciano.

LAS ESTATUAS DE SAL DERECHA A MEDIO CIVILIZAR

El molde maestro lo da la AP de los comienzos (1977 hasta mitad del 79), creada por Fraga y otros pesos pesados del franquismo desarrollista (López Rodó, Fernández de la Mora, Silva Muñoz…) con una fuerte presencia opusina y de otros grupos tecnointegristas (recordemos, a título de ejemplo, que las Nuevas Generaciones de AP se inician en el 77 bajo la férula de Loyola de Palacio).

Cuando Fraga, frustrado por los parcos resultados electorales del 77 y la fuerte competencia que habían supuesto a la vez Fuerza Nueva y UCD, pacta en el 79 con Areilza, Osorio y Senillosa la llamada «Coalición Democrática» (inicio de la progresiva deriva hacia el centro de AP), Fernández de la Mora y Silva Muñoz abandonan la nave popular. Con la creación por el segundo de Derecha Democrática Española se inicia la saga de la derecha a medio civilizar: formaciones escindidas de AP (más tarde PP) por la derecha, generalmente de corta duración, de vocación participativa en las instituciones y cuyo ámbito de poder se ciñe, precariamente, a lo municipal y autonómico y, fuera del terreno directamente político, a lo judicial (aparte, claro, de a lo económico -aunque, con los cambios generacionales y políticos en las cúpulas financieras y la caída o absorción de algunas empresas y bancos, este poder ha mermado mucho-).

El evento más notable de la derecha a medio civilizar emanada de AP/PP ha sido hasta la fecha la Plataforma Independiente de España (la cual, liderada por Gabriel Camuñas, aglutinó en las últimas municipales a la mayoría de concejales independientes del ámbito carpetovetónico -casi todos escindidos en su momento a título individual de AP y UCD o procedentes directamente de las instituciones franquistas y de grupos ultras- y sumó algún nuevo fichaje como Angel Matanzo). La última de las escisiones populares la constituye el Partido de Acción Democrática Española, liderado por Juan Ramón Calero, que pretende sacar tajada del descontento de sectores ultraespañolistas del PP por la política de pactos con CiU y PNV. Nombres como Fernando Suárez y Alejo Vidal Quadras (hoy exilado en la Fundación Cánovas del Castillo) es probable que se unan al PADE o a una estrategia más amplia en coordinación con éste.

Por otra parte, y como fenómeno paralelo, han de destacarse por su mayor gancho en la población las iniciativas pseudopopulistas de empresarios como Ruiz Mateos (que lograría dos diputados en Estrasburgo con su primera comparecencia política y, desde entonces, es asiduo a todos los comicios) y Jesús Gil (que, desde su Grupo Independiente Liberal, se ha instalado con intención vitalicia en Marbella y extiende su emporio por localidades aledañas -como Fuengirola, hoy en manos de su hijo-). Suponen el equivalente celtibérico a Berlusconi.

En lo que atañe a representación metapolítica de este sector habríamos de destacar, aparte de la ya citada Fundación Cánovas del Castillo, la revista «RAZON ESPAÑOLA» de Fernández de la Mora (heredera de la «ACCION ESPAÑOLA» de la preguerra y de la opusina «ARBOR» del franquismo), los libros de tema histórico de Ricardo de la Cierva y, desde luego, los best-sellers de Vizcaíno Casas (aunque su boom protestatario pasó con la caída del PSOE y la institucionalización del «Espíritu de Ermua»).

Finalmente, han de destacarse los intentos de renovación generacional en un campo como éste, dominado por gente de edad. El primero se pone en funcionamiento allá por el 84: es la asociación Rerum Universitatis, constituida como guardia de corps de Gustavo Villapalos y formada por ex-falangistas con clara vocación arribista de triunfar en la «derecha civilizada»; a diferencia de otros nacionales, los de Rerum no necesitaban afirmarse en el Paraninfo por medios violentos: sus armas consistían en vetar y hacer la vida imposible a otros colectivos estudiantiles (tanto a derecha como a izquierda) desde el poderío burocrático que les otorgaba su querido rector; cuando éste pasa de la Complutense a la Comunidad de Madrid, sus pupilos quedan un poco perdidos; por un tiempo se buscarán la vida en los lugares más inverosímiles (Canal Plus, los contubernios republicanos de Trevijano, incluso petardearán en el entorno de Mario Conde -cuando éste pensó jugar la baza política a lo Berlusconi-) para acabar volviendo a la burocracia universitaria. Otro evento joven de la derecha a medio civilizar, éste a título individual, es Javier Esparza, uno de los cerebros de la «nueva derecha» española (se entiende por tal la corriente homóloga de la «nouvelle droite» francesa), dividido entre sus quehaceres alimenticios (burócrata en AP/PP, colaborador en prensa -en el diario «EL CORREO», y antes en «ABC» y «EL SIGLO»…-) y su vocación metapolítica (participando en algunas de las iniciativas más dignas del campo nacional español: las revistas «PUNTO Y COMA» y «HESPERIDES», o cursillos universitarios como los dedicados a Jünger -Universidad de verano de El Escorial, julio ’95- y al Islam -Facultad de Filosofía de la Complutense, noviembre ’95-); el problema con Esparza, aparte de su tremenda pedantería (que le ha llevado a tratar desconsideradamente a muchos de sus colaboradores -algunos de los cuales acabaron recalando en «EL CORAZON DEL BOSQUE»- y, con la fuga de éstos, a empobrecer sus proyectos culturales), son sus lazos cada día más estrechos con sujetos como Fernández de la Mora y Vidal Quadras, que lo van alejando de su muy válido norte inicial (la «nouvelle droite») para reducirlo, poco a poco, a mero cachorro intelectual de la derechona española.

INTEGRISTAS

Herederos directos del nacional/catolicismo, sus representaciones políticas han sido: Fuerza Nueva (reciclada más tarde como Frente Nacional), Comunión Tradicionalista, Movimiento Católico Español y Falange Española Independiente.

FN, surgida como revista en los últimos 60 bajo la inspiración del notario toledano Blas Piñar, se convierte en partido en el 77 y, tras un primer fracaso en las generales de ese año (su voto fue, en buena parte, a parar a AP), logró en el 79 su cénit (al recuperar sufragios desencantados por el giro centrista de Fraga) colocando un diputado (el propio Piñar) en el Parlamento. Pero este triunfo se vería oscurecido por las crisis internas: dos cismas juveniles (en el 77 -Frente Nacional de la Juventud- y 78 -Frente de la Juventud-), hartos del beaterío que rodeaba a Blas (el llamado «imperio de la braga», por la componente ginecocrática); y otro, posterior, de elementos más maduros, también por motivos religiosos (en disconformidad con la cordial acogida que dio Piñar a Lefevre, recién excomulgado por el Vaticano). La violencia salpica a FN en episodios como: la muerte del estudiante Arturo Ruiz; la matanza de Atocha; el choque con independentistas en el mítin de FN en Anoeta del 78 (una auténtica batalla campal); y el asesinato de la militante del PST Yolanda González; a lo que añadir alguna muerte más en Malasaña provocada por raids de Fuerza Joven cuando el partido trasladó su sede a un caserón de Mejía Lequerica (a cuya amortización, se dice, contribuyeron constructores inmobiliarios interesados en «limpiar el barrio malasañero»). En esa época de poderío FN crea su propio sindicato, Fuerza Nacional del Trabajo, liderado por José Antonio Assiego, procedente del hedillismo y expulsado a su vez de FNT por violento (crearía después Acción Sindicalista Nacional del Trabajo, dedicado a romper huelgas y manifestaciones obreras y vinculado al golpismo duro); FNT se consolidaría con su segundo secretario general, Jaime Alonso, incluso tras la desaparición del partido piñarista. Pasado el 23-F, la ultraderecha sufre un bajón de moral y FN va declinando hasta decidir su disolución tras la debacle electoral del 82 (que supuso la pérdida del escaño para Blas). Menos de un lustro después, y a instancias de Le Pen (cara a las europeas del 87), FN resucita como «Frente Nacional» pero su existencia será mucho más apagada, repitiéndose la historia de las escisiones juveniles (esta vez, Nación Joven y Frente de Alternativa Nacional) y su nueva disolución en el 94 previo coqueteo con la secta Moon.

La Comunión Tradicionalista surge como escisión integrista al evolucionar el carlismo comandado por Carlos Hugo hacia posiciones de izquierda federal. Siempre ha ido a la zaga de FN y su única razón de ser (si nos atenemos a su trayectoria) consiste en hacerle la vida imposible al Partido Carlista. Lo lograron plenamente en el Montejurra del 76 con muertos y heridos, bajo la protección de Fraga y con mercenarios neofascistas italianos que más tarde también intervendrían en la guerra sucia de Euskalherría. En el Montejurra del 97, al que asistí, destrozaron las cruces del Via Crucis para deslucir el acto de los carlistas. Su último momento de esplendor ha sido el veranillo de Ermua, cuando arremetieron contra alguna que otra sede navarra de HB disfrazados de «demócratas partidarios del aislamiento».

José Luis Corral crea el Movimiento Católico Español a comienzos de los 80. Entre el 85 y el 86 participa en la Coalición de Unidad Nacional junto al Movimiento Falangista de España (hedillistas degenerados en pura ultraderecha -algo no infrecuente, como se ha visto con Assiego y como se verá en algún otro caso-), el sindicato FNT y otros grupos menores. Gozará de cierto protagonismo en algunos 20-N de los 90 y llenará los muros madrileños con su pasquín «LA VOZ DE LA ESPAÑA NACIONAL» (donde, entre otras consideraciones, podía leerse que el infarto que sufrió Anguita en el 93 era «castigo de Dios»); finalmente, tras formar, junto a Ynestrillas, la Alianza por la Unidad Nacional, le darán la patada de esta coalición en el 95 y, encima, se quedarán con el pasquín (ahora llamado «LA VOZ DE ESPAÑA AUN»). El MCE hace mutis y Corral, inasequible al desaliento, se dedica desde entonces a decorar los muros madrileños con nuevas siglas y un teléfono 906 (¡¡¡).

Pasemos a la Falange Española Independiente. Surgida en el franquismo como FES (Frente de Estudiantes Sindicalistas), grupo azul crítico del régimen, bajo el liderazgo del catedrático Sigfredo Hillers. A diferencia de otros azules críticos con la mixtura movimientista (caso de los hedillistas o de los Círculos José Antonio -que gustaban de asumir posturas más o menos izquierdistas-), la discrepancia del grupo de Hillers es de carácter inequívocamente fundamentalista: se trata de volver, desafiando al tiempo, al discurso literal de José Antonio aunque saturándolo de un fuerte tono religioso (esto último concitó rumores de que eran un submarino del Opus). En la transición 79/80 desarrollaron diversas alianzas, por lo general, bastante discutibles (con el Frente de la Juventud -la escisión más violenta de FN- y Solidaridad Española -el partido de Tejero-). Con la entrada del grueso del partido en FE/JONS en el 83 (tras la dimisión como jefe nacional de Raimundo Fernández Cuesta) y la marcha de Hillers a una universidad alemana, la FEI se extingue temporalmente. Años después resurgirá (ya sin Hillers) comandada por adolescentes mucho más fanáticos y limitados que las promociones originales. Pese a ser uno de los grupos nacionales que se me hace más ajeno debo resaltar que dos de las personas del mundillo con las que más he tratado proceden de la FEI: Miguel Angel Vázquez (fuera de FEI desde el 81 -en desacuerdo con el apoyo a Tejero-; editó dos de mis libros, patrocinó mi grupo musical Proyecto Bronwyn y ha colaborado en «EL CORAZON…», amén de acompañarme en aventuras políticas en las que siempre yo acababa por romper el primero -la última, FE/JONS-) y Javier Onrubia (pasa en el 83 de FEI a FE/JONS, partido del que se desligará en el 94; editor de diversos trabajos sobre historiografía azul y, en los últimos años, volcado al Partido Carlista, la Teología de la Liberación y el Tercerismo latinoamericano -es miembro del consejo de apoyo del periódico «RESUMEN»-; desde hace año y medio, colabora con «EL CORAZON…»).

FRANCO/FALANGISTAS

Las organizaciones carismáticas son la Confederación de Ex-Combatientes y FE/JONS (etapa raimundista). Sus valores, castrenses. Naturalmente, es el sector más vinculado al Ejército y el artífice de todas las tramas golpistas no blandas.

Dada (a diferencia de FN) su completa aversión a las instituciones representativas postfranquistas, los franco/falangistas estaban más ocupados diseñando golpes de Estado que estrategias electorales. Así, FE/JONS, pese a haber acudido a los comicios tanto en el 77 como en el 79 en coalición con el partido de Piñar, cuando éste salió diputado jamás lo utilizó como portavoz parlamentario. Golpismos aparte, la violencia de FE/JONS no le va a la zaga a la de FN: asalto al bar San Bao, colaboración en la guerra sucia de Euskalherría (que, en represalia, provocó la muerte de varios azules a manos de ETA), más la creación, a partir de elementos procedentes del hedillismo, de 1ª Línea (nombre de las milicias originales de la FE/JONS joseantoniana -con la diferencia de que, si aquellas tenían una clara finalidad defensiva, las milicias raimundistas son más gratuitamente violentas-).

Tras el fracaso del 23-F, la moral franco/falangista queda por los suelos. La abulia electoral de la FE/JONS raimundista llega a su cota máxima en las generales del 82 con su retirada de la convocatoria recomendando votar a AP para evitar el triunfo del PSOE.

El golpismo fracasado se traduce fugazmente en votos con la creación de Solidaridad Española, el partido de Tejero. La absoluta carencia de otras bases discursivas que el culto al golpista benemérito lleva al rápido fin de SE y, una vez disuelta FN y remodelada FE/JONS, el franco/falangismo se recicla con Juntas Españolas, partido creado en el 84 a partir del diario «EL ALCAZAR» (portavoz de la Confederación de Ex-Combatientes) y de la fusión con el grupo neofascista Patria y Libertad. En muy poco tiempo, JJEE moderarán exquisitamente su discurso y ademanes (llegando incluso a ser comandadas en cierto momento por un ex-miembro de… ¡UCD!).

Con la muerte en el 86 de Ynestrillas padre (al que se considera uno de los pocos militares dispuestos a chocar frontalmente con el consenso parlamentario y la monarquía constitucional -nada de «correctivos de rumbo»: ruptura pura y dura-), las expectativas golpistas son totalmente erradicadas. El franco/falangismo se limitará a rituales necrológicos a cargo de la Fundación Francisco Franco, de una agonizante (en todos los sentidos) Confederación de Ex-Combatientes (que se vería desprovista de su más preciado bastión, «EL ALCAZAR», colapsado por el bloqueo de propaganda institucional a que le sometió el PSOE y por los pufos económicos de su director Antonio Izquierdo -en los 90 el periódico «LA NACION» supondrá un triste sucedáneo-) y poco más (uno de los elementos más valiosos de la metapolítica franco/falangista, el escritor Rafael Gª Serrano, muerto a fines de los 80, dejó un hueco imposible de llenar en este sector -y, discrepancias políticas aparte, también en nuestras letras-).

Volviendo a la praxis política, tras la defección de JJEE, la llama sagrada (más bien cerilla, a estas alturas) la alzan dos grupúsculos escindidos de FE/JONS, el MENS (Movimiento Español Nacional/Sindicalista) de Antonio Gibello, y la FENS (Falange Española Nacional/Sindicalista) de Santiago Fernández Olivares, ambos integrados en el reciente Frente Social Español. De un modo más oportunista, Ynestrillas, a partir del recuerdo de su padre, de su nunca muy claro papel en el caso Alcalá y de un intento de manipular a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (que no cayó en la trampa, necesitada como está de legitimidad social y subvenciones -cosas ambas que el joven Ricardo ahuyentaría como la bicha-), lanza, primero, su Movimiento Social Español y, después, la Alianza por la Unidad Nacional (coalición del MSE, los integristas de Corral y las dos últimas escisiones piñaristas), que rápidamente encoge con la patada a los integristas y la escisión un año después de la ex-piñarista NJ (reconvertida en Patria Libre y aglutinante del ya mencionado Frente Social Español). O sea que, hoy por hoy, dos coaliciones prácticamente idénticas (en mensaje y exigüidad) defienden el testigo en su momento ostentado por pesos pesados como Girón o Raimundo cambiando la desestabilización golpista por la disposición a encuadrarse en nuevos GAL y «manifestaciones de aislamiento» que se diseñen desde las alturas democráticas.

Es interesante destacar (en relación con la posible competencia de partidos democráticos a grupos nacionales) que las ilusiones de robar votos antiterroristas a las formaciones parlamentarias con que Ynestrillas se presentó a las generales del 96 quedaron automáticamente destrozadas cuando Barrionuevo, representando al «partido del GAL», dio su arenga ante un auditorio repleto de beneméritos. La diferencia entre el profesional («frío, sin motivos personales») y el joven exaltado decantaron la mayor parte del voto antiETA a favor del puño y la rosa.

LA PRESUNTA REVOLUCION NEOFASCISTAS (O NACIONAL/REVOLUCIONARIOS)

 

Bajo este apelativo (que en Francia daría pie a grupos como Occident y Ordre Nouveau y en Italia a Avanguardia Nazionale y Ordine Nuovo) han de entenderse los grupos nacionales españoles vinculados a Ernesto Milá. Incluso pudiera decirse que este sector se reduce a él solo, dado el profundo desnivel entre el personaje y sus seguidores (tanto en carisma, objetivos y cultura política). Desde luego, y contradiciendo la tónica celtibérica nacional, Milá no tiene nada de enano. Ha de reconocérsele incluso un punto de grandeza (lo cual no ha de ser necesariamente sinónimo de «ejemplaridad»), que lo convierte, sin duda, en el «superfacha español».

La poción mágica en la que cayó Milá de jovencito y que lo lastrará para una praxis antiSistema es su aceptación de la colaboración parapolicial con servicios occidentales como estrategia para defender unos principios antimodernos, antiburgueses y antiliberales (principios, en esencia, perfectamente válidos desde una óptica de lucha contra el establishment) que, como se ha acabado viendo (por si ya no estaba claro de antes) con el fin de la Guerra Fría y las reflexiones transversales despertadas por los acontecimientos en Rusia, eran imposibles de conciliar apoyando a dictadores bananeros, tramas policiales y redes «antisubversivas», todo ello a mayor gloria del «Mundo Libre».

A Milá su impronta en el PENS (Partido Español Nacional/Socialista -grupo paralegal surgido en el último franquismo y pinchado a conciencia por los servicios del régimen-), le incapacita, en base a fobias muy convencionales (de las que nunca acabará de desprenderse), para romper desde la derecha con el establishment (como sí haría Jünger en los 20, Thiriart en los 60 o Duguin en los 90) y, desde ese ejercicio de nihilismo activo, ver a la izquierda no integrada como aliado objetivo contra el enemigo común.

Tras su paso por el PENS y FN (que intentó transformar en una superestructura nacional a lo MSI -intento frustrado por la granítica oposición de Blas Piñar-), crea el Frente Nacional de la Juventud (1977-79) y Patria y Libertad (1984 -integrado al poco en las JJEE-), además de intentar poner orden en el Frente de la Juventud (escisión madrileña de FN en el 78 cuya violencia ciega los enfrentaría al gobierno de UCD, que, en un fin de semana de fines del 80 -asesinato nunca aclarado del cabecilla Juan Ignacio González y detención inmediata de más de 60 miembros clave de la organización: la primera batida de un gobierno español contra nacionales desde la II República- rompió el espinazo del Frente). Huido a raíz de esta redada, Milá deambula por varios países durante años (detenido por la policía gala como sospechoso en el atentado contra la sinagoga de París, más tarde lo veremos en Bolivia -junto a su buen hamijo Stefano della Chiae, «el superfacha italiano»- asesorando al dictador García Meza), vuelve a España donde cumple una condena pactada de cárcel y se retira del activismo político (tras el fracaso de Patria y Libertad) volcándose en tareas de edición y escritura. Si en el 77 ya había publicado dos libros («Los marginales» -guía de «subversivos»: ETA, FRAP, GRAPO…- y «La ofensiva neofascista» -primer muestrario aparecido en nuestro ámbito sobre los nacionales de todo el mundo surgidos desde el 45-), y en el 79 colaboró (con algunos de los mejores capítulos) en el colectivo «La cultura de la otra Europa» que editó CEDADE, del 84 al 86 ofrece, en su Ed. Alternativa, textos básicos de Evola («El fascismo visto desde la derecha», «Los hombres y las ruinas») y Fredda («La desintegración del sistema»), versiones exculpatorias de sí y sus hamijos («FNJ en su historia y documentos», «Italia: masacres de estado y represión»), reflexiones y crónicas sobre los nacionales españoles («FN: vida y muerte de un partido», «Falange Española: los años oscuros»…), y hasta alguna rareza esotérica (la revista «REBIS» -de magia sexual- o el folleto sobre Crowley «La bestia 666»).

A partir del 88, y con el derrumbe del bloque comunista, la praxis de Milá parece abrirse a una cierta transversalidad. Fruto de ello es la revista «DISIDENCIAS» (1988-90) y el libro «La derecha radical en Europa» (especialmente interesante por su capítulo sobre Alemania -contactos entre nacionales y nueva izquierda-). De «DISIDENCIAS» surge en el 9O la agrupación Sin Tregua formada por: Milá y algunos seguidores más un sector de veteranos troskistas escindidos de la LCR (algunos, incluso, habían pasado por el mítico «FeLiPe») e independientes más o menos azules (como Miguel Angel Vázquez y un servidor). Con una prometedora base doctrinal (influenciada por Thiriart, Jünger, Evola…), ST, potencialmente capaz de transversalizar con la izquierda, involucionó rápidamente debido al ex-trosko Joan Colomar, izquierdista renegado, vuelto gurú del colectivo ante la inhibición de Milá (de vuelta a las andadas parapoliciales -ahora, pro-seguridad de las Olimpíadas-). ST se disolvería en el 93, con Milá ya fuera y Colomar en pleno furor derechista, pidiendo el voto al… ¡PP! (para mayor información, ver «Homenaje -con reproche- a Sin Tregua» -publicado en el nº 5 de «EL CORAZON…»-).


Desde entonces, Milá no ha vuelto a intervenir en política (que se sepa, al menos) y publica de vez en cuando libros y artículos de tema esotérico

[…continúa aquí]

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