Enano, demasiado enano (II) [1998]

[Segunda parte del estudio publicado por Fernando Márquez en el número 18 de la revista “El Corazón del Bosque“, 1998]

NEONAZIS

Según los clichés históricos y mediáticos, podrían suponerse los nacionales más predadores y destructivos: sin embargo, son los más comedidos por su rechazo táctico de la violencia y su defensa de la penetración cultural para incidir en la sociedad. Dicho esto y para evitar pasmos a los lectores más prejuiciados, aclararé que no se es neonazi por pintar una svástica en la pared o marcarla en la cara de alguien antes de machacarlo, o por usar símbolos pardos en el fútbol, o incluso por hacerse llamar en algún momento «nacional/socialista» simplemente para alcanzar una turbia notoriedad (caso del ya comentado PENS): el nazismo (como cualquier otro movimiento) supone una historia, unos principios, unas figuras y unas experiencias, y neonazi es aquel que interioriza en tal bagaje.

Las siglas que encarnan este sector corresponden no a un partido (imposible de legalizar por los vetos antinazis) sino a una asociación cultural: CEDADE (Círculo Español De hamijos De Europa). Si la censura franquista forzó a determinados creadores y propagandistas de izquierda a desarrollar su imaginación, las medidas administrativas antinazis obligaron a los cedadianos a una tarea metapolítica que acabaría situándolos en su quehacer por encima de la media nacional, más volcada a la afirmación violenta. Si en la original CEDADE la labor era ortodoxamente hitleriana (racismo biológico, wagnerismo, ecologismo de tarjeta postal, revisionismo, interpretación de la Historia a partir del «complot judío»…) en conexión con algunos mitos autóctonos que podían acercarlos al búnker franquista (culto a la División Azul, cristianismo quasi integrista en algún caso, españolismo…), a partir del 75, algunas contradicciones salen a la luz: temas como el paganismo o el etnorregionalismo (muy vinculados a la mística parda pero también punto de contacto con la llamada «nueva izquierda» -matriz de ecologistas e independentistas-) provocan choques internos y deserciones entre quienes se sienten incómodos con el corsé cedadiano puro y duro (una acertada caricatura de tal corsé la dio Boadella en su montaje teatral del 82 «Olimpic Man Movement») y querían desarrollar una labor menos restrictiva (en sintonía con el sincretismo de la «nouvelle droite» francesa).

Tras la crisis provocada por la publicación de su trabajo más interesante, «La cultura de la otra Europa» (una guía de intelectuales políticamente incorrectos que aún hoy guarda un profundo interés divulgativo y con la que se quiso hacer una réplica local de la revista francesa «Nouvelle Ecole»), la dispersión de cedadianos será fecunda en iniciativas editoriales: así, Isidro J. Palacios (de CEDADE/Madrid a secretario de Verstrynge en AP) con su boletín «Graal» (finales de los 70) y las revistas «Punto y coma» (1984-87), con el apoyo inicial de Verstrynge y co-dirigida junto a Javier Esparza, y «Próximo milenio» (1995-97), en las que aparecen de manera constante sus temas más caros (la cultura de los pielrojas norteamericanos, la metafísica religiosa -en la línea de un Schuon-, el Islam, el culto a las diosas madres…); así, Carlos Caballero, el principal historiador revisionista español, responsable del desaparecido boletín «Revisión» (donde, amén del consabido debate sobre las cámaras de gas, se publicaron otros números dedicados a Drieu, Ledesma, D’Annunzio o el fascismo de izquierda) y de una ingente bibliografía histórica (con títulos como «La espada del Islam» -sobre las relaciones entre el III Reich y el mundo árabe- o «Los fascismos desconocidos» -primera aproximación exhaustiva en castellano a los nacionales de la primera mitad de siglo en Europa, Asia y América-); así, José Manuel Infiesta y Manuel Domingo, quienes, tras un intento fallido (por descaradamente pardo) con la revista «EL MARTILLO» (1976-77), lanzan al mercado del 83 al 88 una colección de libros, EL LABERINTO, en la que, superada toda tendenciosidad, se ofrece una amplia gama de autores y temáticas como «Cabalgar el tigre» de Evola, «Las ideas de la Nueva Derecha» de Benoist y Faye, «La Etología» de Lorenz o el colectivo «Problemas en torno a un cambio de civilización» (con intervenciones, entre otros, de Ellacuría, Savater, Sánchez Dragó, Garaudy o Marysa Navarro).

Otros elementos más apegados a una praxis ortodoxamente parda desarrollan su fe hitleriana a través de la vía esotérica (según la pauta marcada por nombres como Savitri Devi o Miguel Serrano), caso del círculo gallego Hiperbórea. O bien se mueven en el plano de la agitación política: así, Ramón Bau, con su sempiterno boletín «MUNDO NS» y sus conatos partidistas (de alcance y duración mínimos -Partido Popular Alternativo, Espacio Nacional Europeo-); o Christian Ruiz, quien a fines del 93 integra los restos de CEDADE en la coalición Alternativa Demócrata Nacional (hoy Democracia Nacional), junto a JJEE, Vanguardia (grupo formado en el 84 por los restos de 1ª Línea tras su expulsión de FE/JONS) más independientes de diverso pelaje (desde hedillistas a ex-participantes en la «Operación Roca» del 86), con la ambición de emular a Alleanza Nazionale (que, recuérdese, llegó a gobernar en coalición con Berlusconi) pero con una contradicción interna fortísima, la de tener un pie en el reciclaje demoliberal y otro en sus querencias de siempre, con lo que, finalmente, sólo han conseguido ser considerados «neonazis y punto».

HEDILLISTAS

En el 83, con el nuevo jefe Diego Márquez, FE/JONS suelta lastre: se desarticula la 1ª Línea, se abandona la devoción pública a Franco y se juega la baza de un tímido populismo (inspirado en la contemporánea oposición peronista a Alfonsín)… Algunos jóvenes militantes buscan dinamizar el partido (interesándose por el Tercerismo latinoamericano -hubo quien fue cooperante en Nicaragua y también se contactó con la izquierda peronista, fruto de lo cual fue el «Pregón de FE/JONS en la Argentina» editado a pachas por falangistas y peronistas-, buscando cambiar los viejos esquemas mentales -recuerdo un curioso artículo en el órgano del partido glosando a Simone de Beauvoir-…). En sintonía con estas expectativas, servidor colaboró en los spots de FE/JONS en las generales del 86.

Meses después, el partido muestra una cara menos amable en las elecciones vascas, con su voto útil a Damborenea (que supondría mi primera ruptura con FE/JONS). ¿Acaso el cambio iba a limitarse a pasar de las nostalgias por un régimen represivo finiquitado a la connivencia con las nuevas tramas sucias del Poder ahora vigente? FE/JONS va difuminando su voluntad de evolución y, sin tampoco regresar a la ultraderecha raimundista, deviene en un limbo de agonía lenta sin incidencia en la realidad sociopolítica. Este impasse se interrumpirá con el desembarco a comienzos del 94 de los hedillistas Gustavo Morales y Miguel Hedilla, que año y medio después serán elegidos jefe nacional y secretario general, respectivamente.

En las páginas de «MONDO BRUTTO» (ver nº 10) yo decía: «La última hipótesis mesiánica era que los hedillistas controlaran FE/JONS, y eso ya ha ocurrido. Si la cagan, entonces, a hacer puñetas». Pues, bien, la cagaron. Y con incontinencia diarreica: algunas muestras fecales las señalé yo en mi texto «Razones para una ruptura» (publicado en el nº 7 de «PVO» y con el cual me daba de baja de FE/JONS la primavera del 97 -tras permanecer como afiliado desde noviembre ’95-). Pero estas heces son pecata minuta ante otras posteriores a mi salida: como la inserción (en la revista del partido, «NOSOTROS», en junio ’97) de una apología de Fujimori por su drástica solución al secuestro de la embajada japonesa en Lima (¿responsables?: el autor del artículo, Eduardo Gª Serrano; el director de la publicación, Miguel Hedilla, por autorizar su inserción; y el jefe del partido, Gustavo Morales, por no impedirlo o, al menos, publicar una réplica distanciando a Falange de la opinión personal del articulista -como sí hicieron tanto él como Hedilla cuando apareció en «NOSOTROS» un texto mío a favor del acercamiento entre FE/JONS y el MLNV-: muy al contrario, Gª Serrano sería premiado poco después con la dirección de «NOSOTROS»), coherente entremés a la decisión más turbia tomada por la cúpula de FE/JONS desde la época de Raimundo, la participación de los azules en tareas de dirección y colaboración en el diario «YA» (a la vera de elementos repetidamente acusados de vínculos con tramas de guerra sucia como Rodríguez Menéndez o Justo).

Ante tal panorama y la pregunta «¿Alguna vez has sabido tú lo que fue el Hedillismo?» (que me espetó Miguel Hedilla en su «Carta abierta a Fernando Márquez» de marzo ’97 -publicada en «NOSOTROS» y detonante de mi ruptura con FE/JONS-, y que, por un prurito de objetividad del que tanto él como su amigo Morales carecieron -al vetar mi réplica a dicha carta en «NOSOTROS»-, yo sí reproduje en el ya citado nº 7 de «PVO»), resulta pertinente mirar atrás y analizar fríamente esto del «hedillismo». Yendo al origen, es cierto que Manuel Hedilla, II jefe nacional de Falange a la muerte de José Antonio, al negarse a aceptar el cargo ofrecido por Franco en el partido único surgido tras el decreto de Unificación de Falange y Requeté, es condenado a muerte (la pena, conmutada por un largo confinamiento). Pero lo que cabe preguntarse es la relación de esto con el mensaje que los «hedillistas» de los 70 vendieron: ¿Hedilla se opuso a Franco por razones ideológicas o por lealtad a una figura, la de José Antonio, y la no aceptación de lo que debía considerar cuota de poder insuficiente para Falange? Porque, desde un punto de vista ideológico, ¿hay diferencias esenciales entre Hedilla y, por ejemplo, el que sería futuro ministro de Franco, Girón? Milá, en su ya citado «Falange Española: los años oscuros», pone el dedo en la llaga sobre esta cuestión. Hedilla, al salir de la cárcel, mantuvo una total inhibición en temas de agitación antifranquista (esto lo confirman diversas personas, empezando por él mismo en las páginas finales de su autobiografía «Testimonio» respecto a un encuentro en el 46 con Dionisio Ridruejo) y su única aventura política de postguerra, el FNAL (Frente Nacional de Alianza Libre -creado en el 64-, se sitúa en el purismo ultra contra la «degeneración de los principios del 18 de Julio» que suponía el desarrollismo tecnocrático (la presencia de Blas Piñar y de militares ultras como Gª Rebull y Pérez Viñeta en el FNAL es prueba elocuente de ello). Pues, si el padre biológico del «hedillismo» es Manuel Hedilla (pero sólo -y paradójicamente a la imagen convencional- en tanto en cuanto su hijo Miguel es uno de los elementos más activos de tal corriente en la Transición), el auténtico padre ideológico es Narciso Perales (quien sí planteó, ya desde la postguerra, una actuación beligerante contra Franco que le llevó a contactar con libertarios y comunistas -ha de recordarse su rol en los inicios del sindicato CCOO-, algo que Hedilla jamás defendió).

O sea que, ya de entrada, el «hedillismo como izquierda falangista» es una mixtificación. Será Perales quien ponga los cimientos de algo que, influido por fenómenos políticos de los 60/70 encuadrados bajo la etiqueta de «Tercera Posición» (socialismo fanoniano, titismo, velasquismo, izquierda peronista, nasserismo, etc) y por la filosofía personalista comunitaria de Mounier, intentó mutar al Falangismo en una «izquierda neutralista» (algo parecido -aunque desde otros presupuestos filosóficos- a lo intentado por Thiriart con su transnacional Joven Europa). Este «hedillismo» de Perales atrajo a elementos variopintos: desde sinceros azules antifranquistas a fachas snobs pasando por sujetos pinchados por los servicios del Régimen. Si grupos como el PENS representaban el brazo parapolicial directamente represor y antisubversivo, algo como el «hedillismo», a ojos policiales, ¿no podía ser visto como un desmovilizador que compitiese y restase militancia al antifranquismo más peleón (rol, por otra parte, similar al que hoy cumplen ciertas ONGs, sindicatos estudiantiles y partidos de izquierda respecto a los llamados «violentos» -la izquierda radical-)?. Este perfil ambiguo del «hedillismo» lo reflejan varios hechos: por ejemplo, el alto porcentaje de «hedillistas» que acaban en la ultraderecha (repasad anteriores apartados); o lo dicho por FE/JONS Auténtica en la revista «INTERVIU» sobre la escisión que sufrió en el 78 denominada «FE Auténtica», de estar teledirigida por Interior para debilitar al hedillismo, señalando a algunos de sus miembros como vinculados en el pasado al PENS (recordemos que esta escisión es capitaneada por quienes, muchos años más tarde, desembarcarán en FE/JONS, Gustavo Morales y Miguel Hedilla); o que, poco antes del cisma, en FE/JONS Auténtica algunos miembros habían formado (junto a libertarios) una guerrilla urbana, el ELP (Ejército de Liberación Popular), responsable de acciones contra entidades bancarias, intereses franceses y yankees, y asaltos a sedes de FN. Es pertinente interrogarse si acaso Interior temió que la Auténtica se creyese de veras su papel antiSistema (ya había ocurrido en Argentina con el paso de ultras -del grupo Tacuara- a la guerrilla revolucionaria -en Montoneros, ERP, Tupamaros…-) y programó una voladura del «hedillismo» a partir de tan oportuna escisión (que haría cosas tan virtuales como nombrar jefa nacional a una «mujer de paja», Ana Mª Llamazares -acusada precisamente por el otro sector de vínculos con el PENS, dato que confirma Milá en su ya citado «Falange Española: los años oscuros»-, o como votar «SI» a la Constitución -que, según su discurso, rechazaban-). Para evitar demonizaciones reduccionistas, no debemos olvidar que estas voladuras han sido frecuentes en la izquierda extraparlamentaria, provocando la desaparición de grupos enteros (tras previa fusión -que, curiosamente, restaba en vez de sumar-: PTE/ORT y MC/LCR) inmediatamente absorbidos en formaciones parlamentarias.

Creo que «hedillistas» como los dirigentes de la Auténtica Narciso Perales y Pedro Conde, o como el creador del ELP Javier Iglesias (huido de España por persecución policial y radicado en Argentina, donde creó el grupo ocupa Unión de los Sin Techo y la organización Lucha Peronista e investigó para la Comisión de Desaparecidos, por lo que la policía lo asesinó en Buenos Aires en septiembre ’96 -ver material corazonesco sobre él en la penúltima pag. de «EL CORAZON…» nº 16/17-), o como aquellos otros que acabaron en la CNT (alguno implicado en el «caso Scala») o en el independentismo, apostaban de veras (desde sus muy diversas posiciones) por una Falange antiSistema y sin tics parapoliciales. Pero, precisamente, son sus hechos los que los definen. Los muy otros hechos y decisiones de Morales y Miguel Hedilla serán los que, ante la Historia y la opinión, hablen por ellos.

AUTONOMOS

En este apartado incluyo una saga (iniciada en el 85 con la mutación de JNR -Juventudes Nacional/Revolucionarias, escisión de CEDADE/Madrid a fines de los 70- en el CENR -Centro de Estudiantes Nacional/Revolucionarios-, y continuada como Bases Autónomas, Area Inconformista, Frente Autónomo, Asociación Bernal Díez del Castillo, Asociación de Amistad Hispano/Guineana, Confederación de Bases Autónomas, la cadena de tiendas «Soldiers», y concluida hasta la fecha -que yo tenga noticia- por dos iniciativas contrapuestas, el periódico «El Porvenir» y la revista «Resistencia»).

El impulso que mueve a los autónomos es el de conjugar neonazismo y praxis violenta. La lucha cultural y de contestación histórica practicada por CEDADE para reivindicar «el buen nombre del nacional/socialismo» se desprecia en aras de un activismo desenfrenado que, en buena medida, se aleja de los presupuestos pardos, los cuales (como ya había ocurrido con el PENS) son asumidos de manera instrumental, más como arma polémica que como credo, regodeándose con el contenido provocador y negativo que tiene el nazismo según las convenciones maximalistas establecidas desde el 45.

Ello lleva a la despolitización y mutación en juego de rol pandillero, en un clan juvenil que sublima su actuar en el lenguaje skin como expresión básica y en un rechazo tribal/generacional a todos los demás grupos nacionales (considerados como viejos o desfasados -en realidad, lo que se rechaza es su mayor profundidad existencial, su no aceptación de la realidad como «juego de rol»-).

Desde esta completa falta de compromiso la saga autónoma lanza guiños anarcoides y pro-abertzales en sus comienzos (incluso algunos hicieron campaña por el voto a HB en las europeas del 87 y todavía se recuerda el delirante episodio en un bar de Facultad cuando varios basistas agredieron a unos azules que intentaban arrancar un cartel del Movimiento Comunista en apoyo a ETA, ante la atónita expresión de los del MC, acabando la cosa con uno de los basistas encaramado a una mesa y gritando «¡Hitler y ETA unidos en la lucha!») para pasar poco después a posturas ultraespañolistas, o crea una fugaz asociación de amistad hispano/guineana a la vez que explota la xenofobia (pretendiendo casar ambas historias con la frase, de rancio sabor colonial, «los guineanos son negros, pero son nuestros negros»), o echa pestes del «mercantilismo judío» y la única iniciativa de la saga que ha cuajado es una cadena de tiendas, o intenta lanzarse como un Front National a la española (en sus dos avatares más disparatadamente ambiciosos, la fantasmal Area Inconformista y el periódico «EL PORVENIR» -donde se reclutaba a los colaboradores a golpe de talonario y con el que se pretendió heredar, de manera prefabricada, el carisma aglutinante de «EL ALCAZAR»-) pero sólo logra una sobredimensionada notoriedad en los media como horda ultraviolenta, y digo «sobredimensionada» pues la violencia autónoma, si la comparamos con grupos anteriores (tanto del último franquismo como de la Transición), ha sido siempre bastante inocua.

Este aspecto de borrachera tribal juvenil (difícil de entender si no se la ha vivido) puede explicar la muy distinta actitud de los basistas una vez que se desligan del clan. Personalmente, he tratado a varios (tuve un cruce epistolar bastante duro con Perdices, uno de sus cabecillas, allá por el 86 -de su carta se me quedó grabada esta frase: «si Cristo buscó a sus discípulos entre los pescadores, yo los busco entre los hinchas de fútbol»-; en el 91 me topé con otro, ex-azul cercano a la villapalista Rerum, metido en Area Inconformista, y que devendría en meritorio de Trevijano; entre el 94 y el 96, un par de ellos colaboraron en «EL CORAZON…» y, desde luego, sus escritos y opiniones no casan mucho con el cliché que pueda tenerse de BBAA -desafío a los lectores corazonescos a reconocerlos por sus colaboraciones-; por último, el más reciente avatar autónomo, «RESISTENCIA» -único conato de la saga hacia una tarea de agitación más responsable- se hermanó con «PVO» -intercambiando artículos y publicidad- en base a dos simpatías comunes -el MLNV y la Revolución Islámica- pero su escasa disposición a trabajar en común de manera más estrecha y a la autocrítica -tribalismo y autosuficiencia, dos rasgos autónomos-, me llevó al alejamiento).

El suicidio en el 95 del cabecilla Carlos Ruiz de Castro (paradójicamente, el acto más seriamente político de toda la saga autónoma hasta la fecha), por desgracia, no ha servido para cristalizar en una reflexión que cierre de una vez por todas ese condenado juego de rol en el que cientos de jóvenes se han ido quemando sucesivamente desde hace lustros.

NACIONAL/BOLCHEVIQUES

Es en este apartado (el único propiamente transversal -es decir, surgido tanto de filas nacionales como de izquierda-) donde confluyen los impulsos auténticamente antiSistema emanados del campo nacional. O, lo que es lo mismo, todo lo que no acaba siendo NB es contrarrevolución o, lo más, mero reformismo.

Si nombres como Jünger, Drieu, Bombacci, Malaparte, Spirito, Thiriart, Limonov o Duguin nos confirman este aserto, en nuestro ámbito ello es aún más patente: el único líder nacional de los 30 con vocación antiSistema, Ramiro Ledesma (creador de las JONS), insiste una y otra vez en defender el stalinismo (sus artículos a favor de establecer relaciones con la URSS, glosando el Plan Quinquenal o valorando el comunismo como «revolución nacional rusa» -sesenta años antes de las exégesis de un Ziuganov o un Anpilov-, por su profundidad y conocimiento trascienden toda sospecha de pose demagógica); su más fiel seguidor, Santiago Montero Díaz, que se negó a a apoyar la fusión de FE y JONS previendo la corrupción de éstas, en el franquismo criticaría las dejaciones del régimen desde su jonsismo inclaudicable (crítica, en su caso, no surgida de ninguna «conversión» sino de la fidelidad a unos principios -lo que lo convierte en atípico entre los nacionales españoles de postguerra críticos del régimen, más cercano a fascistas revolucionarios como los ya citados Malaparte o Spirito-), llegando en el 65 a ser expulsado de su cátedra (junto a Aranguren y García Calvo) por apoyar la agitación estudiantil; o su más atinado biógrafo, José Cuadrado Costa, el más desconocido de los nacionales españoles, muerto prematuramente en los 80 y cuya breve trayectoria política la desarrolló (tras un fugaz paso por CEDADE) en grupos francófonos vinculados a Thiriart, dándose a conocer su obra (con bastante parquedad, por cierto -hay material publicado en Francia e inédito todavía aquí-) tras su muerte (las biografías políticas «Ramiro Ledesma Ramos, un romanticismo de acero», «El legado revolucionario» -sobre Drieu- y «Ernst Niekisch, un revolucionario alemán»).

Además de Cuadrado, han jugado con cierta notoriedad la carta NB (aunque más como moda que como interiorización profunda): Juan Antonio Llopart (vinculado al Frente de la Juventud y al Frente Nacional -cuyas juventudes dirigió en Barcelona-, y amigo de alumbrar grupúsculos neofascistas bajo una demagogia alternativa -la saga «solidarista»: Movimiento Autónomo Solidarista, Coordinadora Alternativa Solidarista, 3ª Vía Solidarista…-, se plantea desde el 93 su iniciativa más válida, la revista «TRIBUNA DE EUROPA» -cuya validez no va unida a ningún discurso propio, sino a la difusión de diversas figuras de la izquierda nacional, como Niekisch, Wolffeim y Lauffenberg, Sorel, Ledesma, Fredda o Duguin-, amén de seguir pariendo compulsivamente nuevos grupúsculos -Alternativa Europea, Liga Social Republicana-); y Enrique Moreno (seguidor impenitente de Milá durante más de una década, sus únicas iniciativas propias han sido, en el 87, el manifiesto «Por una estrategia céltica» -intento de aglutinar nacionales en una línea pseudoalternativa similar al «solidarismo» de Llopart-, y en el 93, tras el fracaso de ST -de la que fue presidente-, su incorporación a «TRIBUNA DE EUROPA» mutado en nb y, en calidad de tal, su paso por «EL CORAZON…» y «PVO» -con su nombre o con el seudónimo «Pablo Oncins»-, y, tras la escasa aceptación de un nuevo manifiesto -«Hacia la construcción de un Polo Nacional/Bolchevique»-, desde otoño ’95, su entrada en FE/JONS, donde continúa).

Desde fuera del campo nacional, algún que otro nombre ha defendido públicamente lo NB: el comunista Antonio Fernández Ortiz (en sus artículos «Octubre 1993: ¿aquellos días en que la guerra comenzó?» y «Estalinismo, sociedad tradicional y sentimiento de revolución frustrada» -publicados en la revista del PCE «UTOPIAS»-); o, desde el PSOE, Jorge Verstrynge (a su tortuoso y retorcido modo -ver sus libros «El sueño eurosiberiano» y «Los nuevos bárbaros» y su hoja de agitación «PROMETEO»-).

CONCLUSION

Desde la caída de Arias Navarro hasta mediados los 80, los nacionales españoles, desde sus diversos (y, a veces, encontrados) impulsos (ya comentados en la introducción), fueron más un incordio (incluso una amenaza) que un sostén represor para el nuevo status demoliberal. Con la creación del GAL y la muerte de Ynestrillas padre (o lo que es igual, la muerte del golpismo duro), el perfil desestabilizador se esfuma y las energías ultras sintonizan con los intereses ocultos del «Estado de Derecho» y las demandas de una sociedad más y más involucionada. Lo que podríamos llamar la mossadización de los nacionales: el GAL, el caso Alcalá, el Milá del 92, el contubernio antifelipista, FE/JONS y el «YA», el espíritu de Ermua… Al punto de que, en la busca de culpables por algunos de estos hechos, ya nadie pida la cabeza de militares díscolos o de «fachas incontrolados» (como en la Transición), sino de conspicuos representantes de la democracia (y, de haber militares por medio, el PSOE les da un banquete de desagravio -caso de Galindo-). Los nacionales ya no son el «coco» sino meros cipayos de una democracia cada día más nacional en sus formas aunque completamente mundialista en su médula (más o menos como en México, Argentina, Chile…): cipayos kleenex (así, las muertes de Rubio y Duce, principales implicados en el caso Alcalá -tal vez los símbolos más nítidos de esta situación-), poco más (o, mejor, poco menos) que perros de presa. Si se piensa un poco, algo no muy diferente de lo que fueron para Franco (el gran manipulador de nacionales -desde el 36 al 75-).

BIBLIOGRAFIA ASEQUIBLE PARA PROFANOS

LIBROS: «Los neonazis en España» (Xavier Casals; Ed. Grijalbo, 1995) // «Prietas las filas» (Sheelagh Ellwood; Ed. Crítica, 1984) // «Mis conversaciones con gente inquietante» (Manuel Vázquez Montalbán; Ed. Planeta, 1984) (capítulo dedicado a E. Milá) // «La extrema derecha española en el siglo XX» (José Luis Rodríguez Jiménez; Alianza Ed., 1997) // «Alcalá 20-N» (Pepe Rei, Edurne San Martín; Ed. Egin-Txalaparta, 1996)

REVISTAS: «El Corazón del Bosque», «PVO» y «Cuadernos del Corazón del Bosque» (pedidos: apdo 36132 – 28080 Madrid) // «Hespérides» y «Punto y Coma» (ver reseña en «El Corazón…» -nº 6/7-) (pedidos: apdo 108 – 28260 Galapagar -Madrid-) // «Tribuna de Europa» (ver números recomendados en «El Corazón…» -nº 11/12- y «PVO» -nº 6-).

Una respuesta a Enano, demasiado enano (II) [1998]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: