Prólogo a La Falange, partido fascista [1977]

[Prólogo de Jorge Mota al libro La Falange, partido fascista de José Luis Jerez-Riesco, publicado por Ediciones Bau en 1977]

Ante el denigrante espectáculo representado por los líderes falangistas de las diversas fracciones, acusándose mutuamente de fascistas y evitando ser calificados ellos mismos como tales, nuestra editorial ha querido dejar constancia de que, para bien o para mal, la Falange es un movimiento fascista, por lo menos tan fascista como la Guardia de Hierro de Rumania, los Cruces Flechadas de Szalasi o los rexistas de Degrelle

Hoy, después de casi medio siglo, la inmensa mayoría de la gente desconoce los programas e ideología de los partidos mencionados, incluida la Falange. El Fascismo, sin embargo, tiene una sólida ideología, nacida toda en el siglo XX, más moderna que el comunismo o el liberalismo cuyo origen se remonta a otros siglos. La propaganda ha atacado a los fascismos sin referirse para nada a su ideología. Siempre han sido comentarios sobre hechos históricos, casi siempre falseados. Nosotros podemos llegar a comprender que un joven tenga miedo de ser calificado de fascista y prefiera militar en otro partido, pero lo que parece insólito es que personas de más edad, militantes y jefes de Falange, quieran negar ahora un calificativo que en los años 40 les parecía honroso. Las diversas tendencias podrán aparentar diversidad, pero lo que no lograrán jamás es que la Falange deje de ser un movimiento fascista, repetimos, fascista para bien o para mal.

Hemos querido encargar esta pequeña obra a uno de los mejores periodistas falangistas de hoy. Conocedor profundo de la doctrina e historia de la Falange, José Luis Jerez Riesco posee una impresionante biblioteca sobre el tema en la cual se hallan los más sorprendentes documentos. José Luis Jerez Riesco es un joven falangista que no pretende medrar y por ello sabe ser objetivo y dice la única verdad posible, la que forma parte de la Historia.

Aquellos que pretenden ocultar la verdad y desfigurar la ideología falangista perjudican a la falange aunque, algunos de buena voluntad, piensen que la benefician. La verdad será siempre el mejor camino. La presente obra nos muestra esa única y auténtica verdad.

El día 25 de noviembre de 1914, puede considerarse con justicia, como la más importante fecha histórica de nuestro siglo. Ese día Mussolini fue expulsado del Partido Socialista en el que había militado y por el que había luchado durante más de 10 años. En aquella memorable ocasión Mussolini dijo a sus antiguos compañeros: Sois más severos que los jueces burgueses… El socialismo es algo que tiene sus raíces en la sangre misma. Lo que me separa hoy de vosotros, no es cuestión de poco más o menos, es una trascendental cuestión que tiene dividido a todo el socialismo.

Estas profundas y graves palabras de Mussolini, fueron la confirmación de que era necesaria la creación de una nueva idea, de un nuevo ideal que se ajustase a las necesidades del siglo XX.

El Fascismo, esa palabra que hoy asusta a la mayoría de habitantes de nuestro planeta, fue en su tiempo la esperanza, la solución que espetaban millones de personas que sentían en su interior esa misma división profunda que enfrentaba a los propios socialistas. El Socialismo Materialista se enfrentaba al Socialismo Idealista y tradicional.

Hoy día la palabra “fascista” produce horror, pánico, miedo… Pero en aquél lejano 1914 el experimento fascista y el nuevo camino seguido por Mussolini despertó curiosidad en algunos y entusiasmo en los más. A partir del 25 de noviembre de 1914 nacía una nueva idea que se ajustaba a las necesidades del siglo XX, idea que se fría perfilando con nuevas aportaciones, con nuevos conceptos, hasta 1943 en que alcanzaría su máxima pureza y que, posteriormente a esta fecha, ha sido todavía incrementada con nuevas aportaciones.

EI Fascismo de Mussolini no asustó en principio al mundo que lo vio como una nueva e interesante posibilidad. Se había producido una importante escisión en el mundo socialista pero dicha escisión se presentía desde mucho antes. Proudhon, Saint-Simon, Fourier, Sorel… fueron, en muchos aspectos, buscando esa nueva concepción que descubriría Mussolini. El ensayo salió bien y el Fascismo podría haberse convertido en el gran partido del siglo XX.

La política de Mussolini fue alabada por los más diversos personajes. “El pueblo apoya a Mussolini porque lo considera indispensable”, dijo del Fascismo Bernard Shaw. “Debo reconocer que Mussolini es un hombre de una inteligencia y una voluntad superior” declaró Máximo Gorky, diciendo de él Strawinsky: ‘‘Mussolini es un hombre formidable”, mientras el romántico compositor de operetas Lehar declaraba: “Mussolini posee las cualidades del estadista de la antigua Roma y la de los Estadistas de la época moderna”. También otro músico, Ricardo Strauss dijo: “Mussolini es único”, aseguando Pío XII: “Fue el hombre más grande que he conocido” y calificándolo Guillermo II de “hombre verdaderamente extraordinario.

Lenin, en palabras proféticas aseguró que por su causa y por sus ideas el marxismo será un día no lejano vencido y definitivamente olvidado” diciendo Sorel “es un genio de dimensiones tales que sobrepasa a todos los hombres políticos actuales aparte de Lenin”, y un largo de etcétera que podría continuar con los nombres de Pío Xl, Gandhi, Edison, Churchill, Poincaré, Franco, Trotski, Kipling, … Si añadimos a esto la simpatía que sintieron por el fascismo o por el nacionalsocialismo alemán hombres de la talla de Mascagni, Pirandello, Papini, Hamsum, Heidegger, Spengler, D Annunzio, Pfitzner, etc., etc., y la no menos simpatía o aceptación que tuvieron para con dicha idea hombres como Malaparte, Sartre, Alberti, etc., que cambiaron su camisa de acuerdo con el resultado de la II Guerra Mundial, no podremos por menos de reconocer que el Fascismo no fue en su tiempo lo monstruoso que quieren hacemos creer. Fue una nueva idea, la única nueva idea que ha surgido políticamente en el siglo XX.

No debe sorprendernos que José Antonio, Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma, Giménez Caballero o cualquier otro político español, pronunciara palabras de alabanza hacia un hombre que las había merecido y las merecería también después de otros mucho más conocidos e importantes en su tiempo. El Fascismo hubiese sido tolerado muy posiblemente y hubiese podido imponerse poco a poco, si se hubiese abstenido de tomar tan rígida postura sobre el problema judío.

Hitler llegó al poder democráticamente, otros hombres como Degrelle lograron éxitos sorprendentes en las elecciones democráticas de sus países. El Fascismo se imponía por medio del sistema que combatía, algo que nunca había logrado el comunismo, pero el peligroso tema judío haría que la propaganda mundial se lanzase sobre las ideologías fascistas. Ni tan siquiera el racismo hubiese sido un tema peligroso. En diversos países de Europa había leyes de tipo eugenésico-racial similares a las alemanas de Hitler o habla importantes proyectos en estudio. Estados Unidos, Noruega, Suecia, Polonia, Suiza, Inglaterra, Hungría, Japón, se habían cuidado del problema racial y respecto al racismo en relación con otras razas, la situación de los negros en América, por ejemplo, era mucho peor de lo que podía hallarse en Alemania con la mejor predisposición. Las Leyes de Nuremberg era extraordinariamente suaves al permitir los . matrimonios de aquellas personas que tenían un 25 por ciento de sangre judía e incluso un 50.

El problema negro, por otra parte, no preocupaba a los medios de información americanos, controlados ayer como hoy por los judíos y así la publicación americana Thunderbolt informaba en 1968 de la curiosa circunstancia de que en la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las gentes de color) no hubiese habido jamás un Presidente negro, siéndolo todos de origen judío desde su fundación: Joel Spingam, Arthur Spingarn y Kivie Kaplan, mientras que también en 1968 se empezó a apreciar en los Estados Unidos una gran campaña de los negros contra los judíos, hechos que eran recogidos por diversas revistas judías. El “Jedioth Chadashoth” del 18 de abril de ese año reproducía unas declaraciones de un dirigente negro que afirmaba: “Los judíos nos explotan inicuamente” publicando por su parte ‘Semana Israelita’’ del 16 de febrero que ‘En los últimos tiempos han podido apreciar los judíos norteamericanos que las manifestaciones antijudías de determinados jefes negros han aumentado enormemente” confirmando la estadística que se hiciera en 1964 en Estados Unidos con el resultado de un 36 por ciento de no antisemitas, un 40 de poco antisemitas, un 18 de muy antisemitas y un 6 de activos antisemitas.

Quiero con esto decir que ni tan siquiera el problema racial hubiese preocupado a la opinión pública mundial. Si suprimiésemos la cuestión del problema judío y la desvinculásemos de las ideologías fascistas, el terreno sería mucho más fácil prácticamente llano, pues siempre que se reacciona contra el Fascismo, el problema judío y las supuestas muertes masivas —reiteradamente desmentidas en voluminosos libros editados en Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y Grecia pero que no han visto la luz en España— ocupan la principal parte del fiscal.

No debemos pues asustamos de que los líderes falangistas hablasen así del Fascismo en una época en que eran millones los que lo hacían, lo que sí debe interesarnos es la lectura detenida de los textos que José Luis Jerez Riesco ha recogido pacientemente para esta obra. En ellos encontramos un paralelismo con la situación actual, encontramos los mismos partidos, el mismo ideario, los mismos antagonismos. Cuando leemos los textos de Onésimo o Ramiro, de Jose Antonio o Giménez Caballero, constatamos lo caducas y reaccionarias de las ideas liberales y marxistas que entre siglo y siglo y medio, apenas han variado de su contenido ideológico, variando exclusivamente su táctica y estrategia. Contrariamente podemos apreciar en el fascismo la idea de nuestro siglo, enriquecida en 1943 por la lucha común de Europa en el frente del Este y, perfeccionada y actualizada hoy día al llegar a comprender que el cerrado nacionalismo de los años 30 propugnado por los diversos movimientos fascistas, necesario en su día para fortalecer los espíritus minados poco a poco por las ideas internacionalistas, encontraba ahora estrecho su campo de acción, sustituyendo el ideal nacionalista de las diversas patrias europeas, por el de Europa en su totalidad, concepto mucho más ajustado a los principios raciales que inspiraron a todos los movimientos de este tipo.

José Luis Jerez consigue en su obra un doble objetivo. El primero es el que su titulo indica: dejar constancia de que a Falange, pese a quien pese, es un movimiento fascista, ciertamente infiltrado por numerosos advenedizos, y como segundo objetivo, nos permite echar una mirada a la España de los años 30 y comprobar que las ideas reaccionarias, caducas y trasnochadas de los movimientos comunistas, y liberales, siguen siendo hoy las mismas que en aquellos difíciles años y que, como entonces, no llenan a los españoles, muchos de los cuales las siguen simplemente por creer que es el mal menor, y no viéndose capaces de crear nada nuevo, aspiran a copiar a la decadente Europa de hoy. Leamos con detenimiento esta obra que se limita a demostrar un hecho que debería ser lógico para todos.

4 respuestas a Prólogo a La Falange, partido fascista [1977]

  1. buco a los partdos politicos para alianza

  2. en bolivia para las elecciones del 2008

  3. MI DESICION LUCHA CONTRA LO PRESA EN EL TERRITORIO BOLIVIANO

  4. JOSE MANUEL dice:

    estoy de acuerdo con jorge Mota en su visión del Fascismo.
    Creo que pudo ser “la tercera vía”, el camino acertado, frente a los bolcheviques y los liberales.

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