Ramiro Ledesma: radiografía de una conspiración

[Tendencioso artículo aparecido en el número 12, de verano de 2001, de Patria Hispanoamericana, órgano de Falange Española Independiente]

Hay ciertos “nacionalsindicalistas” que se empeñan en convertir a Ledesma en un referente ideológico de primera magnitud, cuando lo cierto es que su paganismo, su concepto voluntarista de nación o su corporativismo pedestre contrastan demasiado con la doctrina falangista, lo que nos obliga a asumir sus escritos con grandes cautelas y como elemento meramente accesorio de las propuestas joseantonianas.

 

Nace Ramiro Ledesma en Alfaraz (Zamora) en 1906. Hijo de un maestro de escuela, se ve obligado a trasladarse a Madrid muy joven. Forma parte, pues, de la generación de españoles destinada a intentar salvar a la decadente España del primer tercio de siglo.

 

Ramiro siempre manifestó una motivación intelectual, lo que en su juventud le incitó a escribir varios ensayos filosóficos y novelas cortas, como El Quijote y nuestro tiempo o la novela El sello de la muerte. Esta inquietud encontrará su perfecta armonización con su entrada en la Universidad como estudiante de Filosofía y Ciencias Exactas, a lo que se unía un extraordinario conocimiento de la lengua alemana. Es en esta época en la que toma contacto con grupos tertulianos e intelectuales, y colabora asiduamente en la Revista de Occidente y en la Gaceta Literaria de Giménez Caballero. Miembro del Ateneo madrileño, su vida se desarrolla entre tertulias, conferencias y el estudio de filósofos como Schopenhauer, Otto Braun, Hartmann o Kierkegaard.

La Conquista del Estado y las J.O.N.-S.

 

A finales de los años veinte, España se ve sacudida por los estertores de una agónica monarquía, símbolo inequívoco de un régimen (el de la Restauración) que inhala sus últimas bocanadas de aire. Ramiro se ve seducido por la política, alejándose paulatinamente de su primitiva vocación filosófica.

 

En los primeros meses de 1931 surge, en torno a Ramiro, un grupo marginal (contaba con una docena de miembros): La Conquista del Estado, que editará una publicación homónima. Entre sus colaboradores se encontraban Giménez Caballero y Juan Aparicio. El grupo presentaba un cierto confusionismo ideológico y estaba movido por la ilusión más que por la razón y el sentido de la realidad. La fuerte personalidad de Ledesma era el único aglutinante, lo que imprimió al boletín un fuerte tono protofascista y filonazi. La Conquista del Estado se declaraba enérgicamente antiburguesa y reivindicaba, frente a la caduca política demoliberal, un Estado fuerte y corporativo defendido por una juventud nacional, con el sindicato y la comarca como ejes de participación. A esto se añadía una clara vocación imperial y un verbo combativo que exaltaba, pese al confusionismo señalado, una nueva forma de entender la política, alejada de las viejas fórmulas caciquiles.

 

En octubre de 1931, La Conquista del Estado, tras pasar por duras dificultades económicas, se une a las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica de Onésimo Redondo, dando lugar a las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. En cierto modo, las J.O.N.-S. continuarán con la labor de los dos grupos primigenios, aunque, debido al fuerte catolicismo militante de Onésimo, adoptan una posición un tanto más sensible hacia la cuestión religiosa. Se enmarcarán dentro del amplio espectro de los nacionalismos europeos de la época, no considerando el Estado como un instrumento de transformación, sino como un fin en sí mismo, y concibiendo la Patria como una realidad consuetudinaria, en sintonía con las tesis voluntaristas, y no como una Misión en la Historia.

 

Las J.O.N.-S. serán la primera organización autoproclamada nacionalsindicalista y tendrán su más amplia representación en Madrid y Valladolid. Hasta 1933, su actividad se vio reducida por la persecución del gobierno (arrestos, multas, censura…), lo que no impidió la publicación del órgano homónimo.

 

Falange Española de las J.O.N.S.

 

Las Juntas y la recién fundada Falange Española pronto entablarán contactos conducentes a su fusión, al perseguir análogos objetivos. El 4 de Marzo del 34 se materializa el acuerdo: había nacido Falange Española de las J.O.N.-S. En el I Congreso de la nueva organización, celebrado en octubre, se debate la cuestión del mando. Frente a los partidarios del triunvirato (como Onésimo y Ramiro), se impone la opción de la jefatura única. Ledesma propondrá a José Antonio como Jefe Nacional.

 

La situación del nuevo grupo se hace más difícil cada día: detenciones, clausura de locales, asesinatos…Tras el fallido Golpe de Estado de Asturias, muchos izquierdistas sufrieron un desencanto con el marxismo, lo que incita a Ramiro a acentuar sus estridencias de “revolucionario dinamitero” -en una línea casi trotskista o nacional-bolchevique- con el fin de atraerlos. Por otra parte, con un panorama hostil a la Causa, con el número de reclutamientos en regresión y una crisis económica propiciada por la deserción del marqués de la Eliseda, gran mecenas de la organización, Ramiro cree que la “burguesa” Falange ha llegado a su fin. Piensa que el proyecto falangista ha fracasado y decide reconstruir las J.O.N.-S. secundado por antiguos jonsistas. Quiso atraerse a Manuel Mateo y a Onésimo y, si bien Mateo se mostró un tanto expectante, vergonzosa resultó la decisión de Onésimo de condicionar su adhesión al apoyo de los falangistas de Valladolid, que finalmente no se produjo.

 

El 16 de enero de 1935, José Antonio convocó la Junta Política y expulsó oficialmente a Ledesma. Éste, en un intento de quemar un último cartucho, incitó a la rebelión al casi millar de afiliados de la Central Obrera Nacionalsindicalista.

 

Definitivamente apartado de la disciplina falangista, Ramiro no tardaría en fundar el grupo La Patria Libre y en escribir ¿Fascismo en España?, en el que tilda a José Antonio de “señorito de derechas con mentalidad feudal” y acusa a la Falange de “imitar movimientos extranjeros”, cuando precisamente él siempre se había mostrado fascinado por la Alemania de Hitler (igual que Manuel Hedilla) y por la Rusia soviética. Con el estallido de la guerra, es detenido y asesinado en una checa madrileña tras un valiente forcejeo, acogiéndose a la Iglesia de la que siempre había renegado.

 

José Antonio: único referente doctrinal.

 

Según testimonios de Hedilla, Ramiro deseó vivamente reingresar en la Falange, aunque era consciente de que ello era imposible. Puede decirse que, espiritualmente, murió en el seno de la Falange. Pero ello, no justifica su reivindicación como pilar doctrinal falangista, teniendo en cuenta sus graves heterodoxias con respecto a José Antonio, en especial su corporativismo tímido y contrarrevolucionario que nos confirma que el político zamorano, pese a su tono combativo, se limita a ofrecer en materia social mucho ruido y pocas nueces.

 

De nuevo hay que hacerse eco de que el único referente válido es el Fundador, pues como Jefe Nacional de la Falange, cuando se posicionaba sobre cualquier materia no sólo estaba dando su opinión personal, sino proclamando la doctrina de Falange Española de las J.O.N.-S. Onésimo tampoco resulta referente exclusivo, debido a ciertas incoherencias (autodefinirse como nacionalista o justificar constantemente la violencia como instrumento político) que hacen que su obra sea asumible en un porcentaje limitado -aunque no tanto como en el caso de Ramiro- por los falangistas rigurosos.

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