A la intemperie [1972]

enero 15, 2008

 

[Texto de Emiliano Aguado, perteneciente a su libro La República, último disfraz de la restauración]

 

Ramiro Ledesma Ramos era a sus veinticinco años un intelectual hecho y derecho, no sólo porque tuviese ya dos licenciaturas tan propias de intelectuales como la De Filosofía y Letras y la de Ciencias Exactas, incompleta, sino por su vocación, por sus preocupaciones, por los libros que leía y por el modo de llenar las horas del día. Para ser intelectual de pura cepa no le faltaba ni una de esas familias de la clase media baja desprovistas de prejuicios, en donde los muchachos crecen alentados por la libertad más deliciosa, ni un modesto empleito en Correos, que le proporcionaba ese mediano pasar que quita del ánimo las oscilaciones de la bolsa o del comercio y le brinda, en cambio, una seguridad de que no va a marrar mañana el pan que ya se tiene hoy. Ramiro Ledesma Ramos contaba, pues, con todos los requisitos que el moralista más severo puede pedirle al intelectual. A sus veinticinco años la vocación de pensador y de filósofo no le dejaba espacio para la ambición de bienes materiales. Conservaba aún cierto tufillo de bohemia sin penurias que le hacía distinguirse un poco de sus compañeros. No había entonces más que el refugio de la Revista de Occidente para quienes querían trabajar con seriedad en algunos temas y Ramiro colaboraba en la revista como escritor y como traductor; el libro que tradujo del alemán sobre la introducción a las matemáticas señalaba un buen comienzo. Sin embargo, un día al entregar a Morente un trabajo breve, creo que sobre el Renacimiento, Morente le dijo que debía dedicarse a algo más tangible, más humano. ¿Qué inspiró a Morente aquel consejo? Lee el resto de esta entrada »